Con
motivo de la conmemoración del 250 aniversario del nacimiento de Mozart
se llevaron a cabo una serie de estudios con las modernas técnicas de
identificación genética encaminadas a comprobar si el cráneo que se
exponía en el Mozarteum de Salzburgo y atribuido al
músico fue
el del genial compositor. Se comparó ADN mitocondrial del cráneo con el
de dos muestras capilares atribuidas a Mozart y con el de restos óseos
de mujeres emparentadas con él por la línea materna. Los resultados no
pudieron ser concluyentes al no establecerse identidad entre las
muestras analizadas; dicho de otro modo, no coincidía ninguna de las
secuencias de las moléculas de ADN extraídas de las distintas muestras.
La Antropología Forense ha aplicado desde hace
mucho tiempo técnicas
para la identificación positiva de individuos a partir de restos óseos.
A partir de éstos se pueden conocer datos tanto acerca de la estructura
de los individuos como de las enfermedades que sufrieron en vida. Para
conocer las posibilidades de esta ciencia y su posible aplicación a la
identificación del cráneo de Mozart, el profesor Miguel Botella,
director del Laboratorio de Antropología de la Universidad de Granada,
ha tenido la deferencia de colaborar con Pasaje a la Ciencia
y atender a nuestras preguntas.
Cuando en la actualidad se habla de
identificación forense, se
suele pensar en las pruebas de ADN como algo definitivo y se olvida
que, junto a éstas, son imprescindibles las técnicas de la Antropología
Forense. Un caso reciente que demuestra esto es el de Mozart, en el que
el estudio del ADN del cráneo que se le atribuye no ha podido confirmar
que perteneció al compositor. Cuando se dispone de un cráneo como ese,
¿qué información se puede obtener mediante un estudio antropológico?
¿cómo se podría identificar?
Cuando se dispone de un cráneo, en primer lugar
hay que determinar
los parámetros antropológicos básicos: sexo, edad, complexión física,
estructura, etc. Una vez hecho esto se procedería a establecer la
identidad. Y para ello hay que comparar; identificación es sinónimo de
comparación. No se puede conocer la identidad de alguien si no se
compara con fotografías, cuadros... Yo no puedo saber por un cráneo
solo quién es la persona; identificar es comparar.
¿Cómo se puede conocer el sexo y la edad
a la que murió un individuo a partir de su cráneo?
Reconocer
el sexo en un cráneo es sencillo. Hay una serie de características que
permiten diferenciarlo fácilmente. El cráneo masculino es más grande
que el femenino, más grueso y el espesor de los huesos es mayor. La
frente está ligeramente inclinada en el hombre mientras que en la mujer
está más abombada. Los arcos superciliares están más marcados en el
varón, las huellas de las inserciones musculares son más fuertes y el
paladar es más ancho.
Estimar la edad es mucho más complicado. Tal vez
el método más
clásico, pero ahora se sabe que uno de los menos fiables, es el de las
suturas del cráneo. Se fundamenta en que a medida que aumenta la edad
esas suturas se van borrando, se van soldando hasta que terminan por
desaparecer. Es cierto que no todas desaparecen al mismo tiempo. Con
estos datos se han elaborado tablas y a partir de éstas y del estado de
las suturas se puede averiguar la edad.
Nosotros usamos en el Laboratorio de Antropología
dos métodos
novedosos. Uno de ellos es el empleo de algún hueso singular, como el
hueso púbico, en la cintura, cuyo estudio permite una alta precisión
para el diagnóstico del sexo y de la edad. Ahora trabajamos en nuestro
Laboratorio en afinar todavía más las técnicas y aplicarlas a la
población mediterránea.
También es posible averiguar la edad por la
transparencia de las
raíces de los dientes. El nivel de transparencia de las raíces de los
dientes es un método de una precisión muy alta hasta una edad de unos
70 años. Proporciona medidas buenas con un error de más menos un año y
medio. Sería perfecto para el caso de Mozart, que murió a los 35 años.
Este método no es destructivo, no hace falta romper nada. Sólo sacar un
diente que después se devolverá a su sitio, ver la transparencia del
mismo, medir la transparencia en relación con la retracción de la encía
y a partir de ello se obtiene la edad muy bien. Esta técnica se conoce
como el método de Lamendin.
En el caso de Mozart están bastante bien
documentadas algunas de
las enfermedades que sufrió a lo largo de su vida, algunas de ellas de
carácter infeccioso. Sobre su muerte se ha escrito mucho y se ha
hablado de procesos muy diversos. El propio compositor, un par de meses
antes de morir, le transmitió a su esposa la sospecha de que estaba
siendo envenenado, algo que no se ha podido confirmar. Finalmente, en
su partida de defunción figuraría como la causa de su fallecimiento una
fiebre miliar aguda. ¿Qué conclusiones
acerca de las enfermedades de Mozart se podrían extraer del estudio de
su cráneo?
Si
el cráneo tiene marcas patológicas se puede estudiar la enfermedad, se
puede diagnosticar y, en su caso, establecer la causa de muerte. En el
caso de que hubiese habido alguna fractura y hubiese sobrevivido se
podría ver puesto que deja marcas. Se ha hablado en alguna ocasión de
sífilis, e igualmente se podría ver en los huesos. También de
envenenamiento, que algunos incluso sugieren que podía haberse debido a
la mano de su rival, el también músico Salieri. Si hay veneno se puede
saber perfectamente ya que en el hueso se puede reconocer el tóxico. No
sería así cuando el envenenamiento hubiese sido súbito, es decir,
cuando a un sujeto lo envenenan y muere; entonces no queda marca en el
hueso. Los envenenamientos por arsénico, por ejemplo, son lentos y el
metabolismo del hueso deja huella en él. Nosotros lo hemos encontrado
en alguna momia.
El sexo, la edad, la complexión física,
las posibles patologías
que haya podido sufrir un individuo son datos muy relevantes para la
identificación forense aunque no resultan definitivos. También es
importante para ello la forma en que aparecen los restos. Volvemos a
referirnos a Mozart, cuyo cráneo apareció, como sabe, en circunstancias
extraordinarias. ¿cómo se puede hacer una identificación positiva de un
individuo a partir de un cráneo?
En el caso de Mozart, si hay algún cuadro de la
época, fidedigno, se
podría intentar hacer una superposición cráneo-facial, es decir,
superponiendo una imagen de la cara y otra del cráneo en la misma
posición. Y con esto podría resultar o no resultar. Esa es una
posibilidad y es un método que aquí usamos habitualmente. La otra
posibilidad es hacer una reconstrucción facial; como conocemos cuales
son las medidas del espesor de cada una de las partes blandas en
relación al cráneo, y tenemos el cráneo que hay debajo, se trataría de
reconstruir esos planos musculares . La estructura física resultante se
compararía con el cuadro que tenemos. Entiendo que esas son las únicas
posibilidades.
Hablando de las circunstancias en las que aparece
el cráneo hay algo
que me gustaría destacar. Este cráneo que presuntamente pudo pertenecer
a Mozart apareció a mediados del siglo XIX, exactamente cuando empiezan
a estar en boga los estudios fisionómicos, como los que algunos años
después realizaría el antropólogo Federico Olóriz, y cuando todo el
mundo quiere buscar el cráneo de un personaje para poder estudiar dónde
radica su inteligencia, para poder estudiar cuáles son los segmentos de
la cabeza responsables del intelecto. Y por eso robaron el cráneo de
Goya. Goya fue enterrado en Burdeos y cuando lo desenterraron, estaba
todo menos el cráneo. Y algo similar sucedió con Beethoven. Y es en
este mismo contexto, en el que el cráneo de Mozart aparece en las
circunstancias curiosas que conocemos. Corresponde a esa época, a ese
momento y a una idea que seguramente fue equivocada.
¿Nos podría hablar de algunos casos
similares de identificación
forense, principalmente de personajes ilustres y conocidos, en los que
haya intervenido y se hayan aplicado las técnicas anteriores con
resultados positivos?
El Laboratorio de Antropología de la Universidad
de Granada realiza
identificaciones forenses continuamente. Respecto a personajes
ilustres, uno de los casos que hicimos fue el de la identificación de
San Juan de Dios y resultó interesantísimo. Había tres cuadros; uno
pintado en vida del santo, otro pintado seis o siete años después de su
muerte y un tercero pintado como 30 años después de su fallecimiento. Y
son tres cuadros en los que cada vez tiene más cara de santo. Pero lo
curioso es que, cuando comparamos las tres imágenes de los cuadros, son
exactamente iguales, las medidas son exactamente las mismas y las
proporciones iguales. Lo que hicieron los pintores fue copiar los
cuadros y ponerles otra cara.
También hemos identificado los restos de Pedro
Antonio de Alarcón.
Los estudios permitieron conocer circunstancias de su vida personal,
como que sufría depresiones; esto lo supimos porque determinadas
porciones del frontal presentaban un engrosamiento anormal que debía
producir irritabilidad y alteraciones en esa zona.
Ahora estamos investigando la momia del infante
Don Sancho, el hijo
de Pedro I el Cruel. En personajes antiguos y personajes ilustres, el
problema que tenemos es que no hay elementos para comparar. En el caso
de Pedro Antonio de Alarcón, quizá hubiese alguna foto, pero hay
dibujos muy buenos procedentes de fotos. Pero de don Sancho de Castilla
no hay nada, no sabemos nada. Podemos saber todo de su estructura
física, pero no podemos saber si era o no el infante, porque vuelvo a
deciros que identificar es comparar. No hay más.
Uno de los casos de identificación
forense con mayor relevancia,
no solo en España, sino en todo el mundo, también ha pasado por sus
manos. Se cumple este año el quinto centenario de la muerte de
Cristóbal Colón y después de estos quinientos años sus restos viajaron
desde la catedral de Sevilla al Laboratorio de Antropología de la
Universidad de Granada para ser sometidos por su parte a un minucioso
análisis. ¿Qué puede decirnos acerca de los restos de Colón? ¿Qué
información ha podido extraer de ellos?
Los restos de Cristóbal Colón se limitaban a una
serie de fragmentos
óseos que en conjunto pesaban unos 150 gramos. A partir de ese material
hemos podido saber que todos los fragmentos pertenecían a la misma
persona; era un varón, murió entre los 50 y los 70 años, tenía una
estructura física mediana, no tenía un gran desarrollo muscular, aunque
tampoco pequeño, es decir, un mediano desarrollo corporal y fue
descarnado tras su muerte. Lo descarnaron para poder trasladarlo. Todos
estos son elementos que apoyan la identificación y que apuntan a
Cristóbal Colón, eso está claro. Pero en este estado de la situación yo
no podría decir nunca que es Colón, aunque tuviera el esqueleto
completo. Si hubiese sido así, podría decir muchas cosas: la talla, el
peso, las deformaciones, la artrosis que tenía... Pero nunca podría
afirmar que es Colón ¿Por qué? Porque no hay un solo cuadro fidedigno
de Colón. Hay una descripción del Cura de los Palacios y otra
descripción del Padre de las Casas, pero son muy idealizadas y eso no
sirve para identificar a una persona. Podría dar una cierta
probabilidad, pero nunca certeza. Me haría falta comparar con algo
fehaciente y fidedigno, que es lo que están tratando de hacer quienes
intentan la identificación genética con el ADN.

Los
restos de Colón que descansan en la Catedral de Sevilla, mostrados en
la figura, son un conjunto de fragmentos óseos que en total suman unos
150 gramos. A partir de ellos el profesor Botella determinó, entre
otras cosas, que pertenecieron a un varón que murió a una edad
comprendida entre los 50 y 70 años, con una complexión física mediana y
que fue descarnado tras su muerte. Todos estos descubrimientos avalan
la hipótesis de que los restos pertenezcan a Cristóbal Colón
(Fotografía cortesía de Miguel Botella) |
También ha estudiado a familiares
directos de Cristóbal Colón,
como a su hijo Hernando o a su hermano Diego Colón. ¿Aportan estos
estudios alguna luz sobre la identificación de los restos del Almirante?
En estos casos hay más huesos, hay más material. A
diferencia de los
restos de Colón, cuyos restos viajaron desde España a América y después
volvieron, los de su hijo Hernando no se han movido desde que, tras su
muerte, fuera enterrado en el crucero de la catedral de Sevilla. Su
hermano Diego fue enterrado en el monasterio de Santa Maria de las
Cuevas de Sevilla, que posteriormente fue la Cartuja y más tarde la
fábrica de loza Pickman, y cuando trasladaron la fábrica a otro sitio,
lo movieron también a él. En el caso de Diego falta el cráneo, pues se
lo llevaron a Madrid en los años 60 donde desapareció. Con respecto a
la identificación de los restos de Colón en relación a los de su
familia, todo depende del ADN extraído de los restos del Almirante. El
ADN mitocondrial de Cristóbal y de Diego debiera ser idéntico al ser
heredado de su madre. También se puede comparar el ADN del cromosoma Y,
que sólo se transmite de padres a hijos. En este caso debieran
coincidir los tres.
Ya por último, volvamos al cráneo de
Mozart. Aunque las imágenes
que se pueden encontrar del mismo en internet no tienen mucha
resolución busquemos alguna. ¿Qué nos podrías decir a primera vista
acerca del cráneo del museo de Salzburgo? Si tuvieras que asociar una
cara a ese cráneo, ¿lo relacionarías con alguno de los cuadros de
Mozart de la época?
Indudablemente habría que ver el cráneo para
emitir una opinión.
Pero a primera vista se puede decir que es un varón; los arcos
superciliares están marcados, son abultados. La frente es abombada,
aunque ligeramente huida. La arcada dentaria es grande. Sí, podría ser
un varón.
Si tuviera que ponerle una cara a esos huesos, no
le podría la cara
de los cuadros, evidentemente. Pero tampoco sería muy distinta. Tampoco
es un personaje de esos que dices que tiene una determinada estructura
facial y no coincide con la de las imágenes. No sería muy descabellado
y podría entrar dentro de lo posible: pero, ¡serían tantas las cosas
que habría que hacer para averiguarlo! No es determinante, pero no es
de esos casos de los que tajantemente puedas decir que no lo es.
Dejémoslo en que hay que estudiarlo bien para saber algo.

El
profesor Miguel Botella ante los restos óseos atribuidos a Cristóbal
Colón (Fotografía cortesía del Laboratorio de Antropología de la
Universidad de Granada) |
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